En la columna anterior titulada El enigmático origen del cuatro, mencionamos otros dos instrumentos de cuerdas que forman parte de los instrumentos típicos o folklóricos de la Isla: el tiple y la bordonúa.

Tal y como sucede con el cuatro, existen varias teorías sobre el origen de estos dos instrumentos. Sin querer caer en lo repetitivo, debemos señalar otra vez que no tenemos una investigación rigurosa que sostenga y documente a ninguna de esas teorías.

La columna de hoy está dedicada a la bordonúa sobre la cual existen tres teorías: (1) María Cadilla de Martínez dice en su tesis doctoral, La poesía de Puerto Rico, Universidad de Madrid (1953), que ésta proviene de la antigua viola; (2) Héctor Campos Parsi en La gran enciclopedia de Puerto Rico, Volumen 7, expone que es posible que provenga del guitarrón o laúd gigante del siglo XVIII; y (3) que es una derivación de la vihuela.

También señala Campos Parsi, la conclusión que llega Peter Gramme, de que los árabes le llamaban al quatr al cualquier instrumento que fuese acompañado por la cítara, la antecesora de la guitarra.

Es en El Gíbaro de Manuel Alonso (1849) en donde encontramos la primera cita directa de la existencia de estos instrumentos regionales. En el periódico El Ponceño (1851) se menciona una danza lleva por título La Bordonúa. Igualmente encontramos que Ramón Martín en Las Fiestas Populares de Ponce (1875) al hablar de los trovadores y de los intérpretes de los instrumentos, se refiere al requintado tiple y la grave bordonúa. Fernando Callejo en su libro Música y Músicos Puertorriqueños (1915), también habla de ellos.

Definitivamente los instrumentos deben de haber existido décadas o posiblemente siglos antes, como queda demostrado en el informe de unos instrumentos regionales en La Relación de las Fiestas Públicas de 1931, lamentablemente no especifica a cuáles se refieren.

Puede ser que André Pierre Ledrú es su Viaje a la Isla de Puerto Rico en 1797, estuviera hablando de diferentes tipos de instrumentos cuando relata que los frailes iban en procesión cantando las letanías de la Virgen al son de las guitarra que componían la orquesta.

Hasta el momento, la información recogida tiende a señalar el área de Aguas Buenas hacia el este como aquellas en la cual la bordonúa ha tenido conocidos intérpretes y donde formaba parte de conjuntos. Esto no significa que no existían otras áreas en las que también gozaba del favor del pueblo.

Callejo cita a Maurico Alvarez, hijo de José Alvarez, Músico Mayor de la Banda del Regimiento de Granada y quien para loa años 1850 estaba radicado en la cuidad de Caguas, diciendo que el Jíbaro Calderín era un concertista en el tiple y la bordonúa.

Otros intérpretes de la bordonúa lo son o han sido, Favio Zayas de Aguas Buenas; Germán Hernández de Agua Buenas; el maestro Melly de Humacao; Juan Parilla de Naguabo; Andrés Juncos de Yabucoa; y Segundo Merced de Aguas Buenas, entre otros. Favio Zayas tuvo una participación destacada en la difusión de la bordonúa desde Aguas Buenas hasta Humacao.

De acuerdo al maestro Merced, mejor conocido por Cundí, se le va añadiendo cuerdas a la bordonúa para lograr mayor resonancia del instrumento. Ya que con el aumento de población, era necesario obtener un mayor volumen de sonido.

Cundí no sólo es uno de los pocos intérpretes al presente de la bordonúa, sino que además es compositor y artesano. Ha compuesto en diferentes géneros, tales como el vals, la danza, la mazurca y la guaracha. Como artesano construye sus propias bordonúas a las cuales les ha ido introduciendo diferentes modificaciones. Todos los cambios los hace con el propósito de mejorar la calidad y las posibilidades técnicas del instrumento.

Un dato que llama la atención es la combinación de instrumentos que ha utilizado Cundí en sus agrupaciones a través de los años. Guitarra, violonchelo y güiro se unían a la bordonúa para formar un interesante y poco usual conjunto. Juan Padilla utilizaba este mismo formato en Naguabo.

(Luthier Vicente Valentín Rivera, 2014)

Otros artesanos que se han dedicado a construir bordonúas además de Segundo Merced lo son: Eugenio Velázquez Cartagena de Aguas Buenas; Juan Reyes de Hato Rey; Julio Rodríguez Burgos de Morovis; Martín Marrero de Río Piedras; Vicente Valentín de Vega Baja; Antonio Rodriguez Navarro de Santurce; y León Ortiz Rivera de Corozal.

La Bordonúa se construye utilizando las maderas de guaraguao, roble, maga, caoba, cedro y yagrumo blanco o hembra entre otras. Antiguamente tenía cinco cuerdas sencillas de cuero y en la actualidad consta de cinco pares de cuerdas. Se toca con una pluma o pajuela hecha de la punta de un chifle.

Los trastes, mejor conocidos por los campesinos y algunos campesinos como pisos o notas, eran hechos de ausubo. Ahora se hacen de un metal grueso, más o menos de un cuarto de pulgada. Esto, unido a la madera (diapasón) entre traste y traste no es plana, sino ondonada, produce y facilita el sonido característico del instrumento. La afinación que hemos podido obtener establece: re, la, mi, do, sol, de la primera a la quinta cuerda.

Francisco López Cruz, destacado etnomusicólogo y quien ha sido figura principal en el rescate y resurgimiento del cuatro, se ha dado a la tarea de enseñar a tocar la bordonúa. A través de estas clases que ofrece los sábados en el Instituto de Cultura Puertorriqueña, López Cruz espera despertar el mismo interés que se ha generado por el cuatro.

Como vemos, todavía podemos rescatar gran parte de la información relacionada con la bordonúa, si concentramos la búsqueda en los artesanos, los intérpretes, las áreas geográficas en que se populariza y las fuentes documentales.

Por Gustavo Batista

Especial para EL REPORTEO